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Miguel Ángel, sida

Soy portador del virus del sida desde los 18 años y desde hace cinco, en ocasiones, fumo marihuana para evitar las ganas de vomitar tremendas que tengo cuando me levanto. En estos 20 años he cambiado varias veces de fármaco antirretroviral, pero en los últimos tiempos tengo problemas digestivos.

Cada día me tomo 16 pastillas, ocho por la mañana y ocho por la noche: 10 grandes de nelfinavir que son muy difíciles de tragar; dos de epivir; dos de fortasec, para tratar las diarreas que me provoca el nelfinavir y alguna que otra más por un problema de tiroides. Así controlo la enfermedad, pero me provoca efectos secundarios, sobre todo a nivel digestivo. Sufro náuseas por la mañana y me mejoran dando unas caladas a un porro.

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Monserrat Domenech, cáncer de mama

Todos los árboles de Barcelona tuvieron mi ‘sello’, porque cuando empecé con la quimioterapia para tratar mi cáncer de mama iba ‘con la arcada puesta’. Me daban Primperán, pero a mi no me hacía efecto.

A la tercera sesión pensé que no lo resistiría más y un amigo psiquiatra me habló de la posibilidad de usar marihuana para calmar este continuo malestar. Me quedé espantada. ¡Yo ni siquiera era fumadora! Pero realmente no tenía nada que perder.

Al principio, les pedía a algunos amigos que fumasen a mi lado para poder inhalar el humo y el alivio era inmediato. Lo que ocurre es que al aspirar, el efecto es rápido, pero muy efímero. Poco a poco aprendí a hacerme mis ‘recetas’ para ingerir los cannabinoides de forma que pudiera encontrarme libre de vómitos durante unas horas.