Soy portador del virus del sida desde los 18 años y desde hace cinco, en ocasiones, fumo marihuana para evitar las ganas de vomitar tremendas que tengo cuando me levanto. En estos 20 años he cambiado varias veces de fármaco antirretroviral, pero en los últimos tiempos tengo problemas digestivos.
Cada día me tomo 16 pastillas, ocho por la mañana y ocho por la noche: 10 grandes de nelfinavir que son muy difíciles de tragar; dos de epivir; dos de fortasec, para tratar las diarreas que me provoca el nelfinavir y alguna que otra más por un problema de tiroides. Así controlo la enfermedad, pero me provoca efectos secundarios, sobre todo a nivel digestivo. Sufro náuseas por la mañana y me mejoran dando unas caladas a un porro.
Investigadores de la Universidad de Columbia, Nueva York, han estudiado los efectos de 10, 20, y 30 mg de THC oral y cigarros de cannabis de distinta potencia (con un 1’8, 2’8, y 3’9 por ciento de THC) en la ingesta de alimento en dos grupos de fumadores de cannabis VIH positivos, en ocho sesiones de 7 horas de duración. Un grupo consistía en 15 sujetos con pérdida significativa de masa muscular y el otro en 15 sin pérdida de masa.
Muchos seropositivos toman cannabis para mantener el apetito; otros como antiemético, para evitar náuseas y vómitos. Los antirretrovirales hacen que con frecuencia pierdan las ganas de comer y un 5% de los afectados acaba desarrollando caquexia, un trastorno alimentario y metabólico severo. "Hay pacientes que consumen marihuana y dicen que es lo único que les mantiene el apetito, pero no disponemos de ensayos que hayan comparado su eficacia con un antianorexígeno o con un antiemético. Sólo contamos con experiencias personales", sostiene Antonio Antela, vicepresidente de la Sociedad Interdisciplinaria del Sida (SEISIDA).